miércoles, 28 de agosto de 2013

RNE, 28 de agosto de 1947: "Muy Grave"


Hoy, os voy a acercar un documento histórico  No es conocido por muchos, al menos para mi era desconocido hasta hace pocos días, y de ahí que se multiplique su valor.

Como todos, a buen seguro sabéis, Manolete es herido por el quinto toro de la tarde, en la plaza de Linares, el 28 de agosto de 1947. No obstante, a pesar de la tremenda cornada es operado con éxito, y todos los testigos aseguran que la causa de la muerte es una transfusión de plasma (no de sangre) que se le administra bajo la responsabilidad del médico de la plaza de toros de Madrid, el doctor Jimenez Guinea. Un rechazo a este plama hace que el monstruo exclame "no veo" y pereciera a las 5 horas y 7 minutos de la madrugada.

Pues bien, esa noche, como todas las noches, RNE da un parte, que LA CARIOCA os acerca, en el que se habla de un diestro herido (y por lo tanto vivo). Antes de escucharlo, creo positivo leer algo más sobre el fatal desenlace. Los textos y las entrevistas son del libro de Tico Medina "el día que mataron a Manolete".

*   *   *   *

Pepe, ¿qué me han “dao”?; dice Camará: “Pues te han dado las dos orejas y el rabo”. Con una impresionante cornada, que le costaría la vida, y ya en la enfermería, eso era lo que le preocupaba al Monstruo de Córdoba, el reconocimiento del público a su faena al toro Islero. 


K-Hito dejó escrito:



Ya tenía todo ganado Manolete. Con una estocada hábil, entrando de prisa, hubiera podido acabar. Ya tenía en las manos las orejas de la res. Pero entonces vino lo sorprendente. Manolo se perfiló a poca distancia del miura. Lió la muleta, arrastró el pié izquierdo, y centímetro por centímetro fue clavando el acero en el morrillo del toro. Duró aquello demasiado. Se le vieron marcar todos los tiempos de la suerte suprema. Ni entró a matar con el morlaco pegado a toriles, ni la res se le vino encima de modo que él no pudiera evitarlo. Nada de eso. El toro tuvo tiempo de prenderlo por el muslo derecho. Lo elevó un palmo del suelo, y Manolete, girando sobre el pitón cayó de cabeza. Cogida sin aparato. Quedó el espada entre las patas delanteras del miura, que optó por seguir a un capote. Manolete aún en el suelo, se llevó la mano a la herida. Toreros y asistencias acudieron con toda rapidez y lo tomaron en brazos. Equivocaron el camino de la enfermería y tuvieron que rectificar. Manolete iba pálido, intensamente pálido. En la arena habían quedado dos regueros de sangre.


K-Hito, sigue:


La enfermería de la plaza de toros de Linares es un amplio departamento, dividido en dos piezas. A través de las rejas de unas ventanas que dan a la calle fisgonean las gentes. Manolete, a poco de llegar a la enfermería, sufrió un intenso “shock”. El “shock” –ausencia del ser- es un estado psíquico causado por un trauma. Fue asistido el diestro por el doctor Garrido Arboledas, ayudado por los doctores Garzón y Carbonell. Cuando Manolete se hubo recuperado, el doctor Garrido procedió a operar, previa anestesia con éter.


Camará desgarró la taleguilla del torero hasta la rodilla, todo el muslo, hasta más arriba de la ingle, estaba ensangrentado.

El doctor Garrido, que no reservó desde el primer momento su impresión pesimista, dispuso una transfusión de sangre para compensar en lo posible la pérdida.

Manuel Rodríguez, Manolete, es operado en la enfermería de la plaza por el doctor Garrido:

“El doctor Garrido invirtió en operar a Manolete cuarenta minutos. Y poco después redactó el parte facultativo:


“Durante la lidia del quinto toro ha ingresado en la enfermería el diestro Manuel Rodríguez (Manolete), con una herida por asta de toro situada en el ángulo inferior del triángulo de Scarpa, con un trayecto de veinte centímetros de longitud de abajo arriba y de dentro a afuera y ligeramente de delante atrás, con destrozos de fibras musculares del sartorio facia cribiforme, recto externo, con rotura de la vena safena y contorneando el paquete vascular nervioso y la arteria femoral en una extensión de cinco centímetros, y otro trayecto hacia abajo y hacia fuera de unos15 centímetros de longitud, con extensa hemorragia y fuerte “shock” traumático. Pronostico muy grave.- Doctor Garrido.”


Nótese que en el parte que transcribe K-Hito, no se dice en que muslo se produce la cornada.

En el parte original -copia archivo del autor-, hay una llamada que dice: (1) “del muslo derecho.” 

“Después de operado se instaló a Manolete en una cama de la habitación contigua al quirófano. A falta  de mantas, y mientras se enviaba por ellas al hotel, el herido fue cubierto con un capote de torear.

A las ocho de la noche cesaron los efectos de la anestesia. Manolete, dirigiéndose a su primo, el banderillero Cantimplas, le dijo:

-Pelu, ¡cómo me duele la ingle!

Tenía sed el herido. “¡Agua! ¡A ver un vaso de agua limpio”- gritó alguien, saliendo de la enfermería-. 

La enfermería de la plaza de toros de Linares es amplia y luminosa. Otra verdad.

A ella acudieron también los toreros que habían actuado con Manolete

Noche ya. Pasamos al redondel, donde se preparaba para más tarde una función de cinematógrafo. Los empleados entraban sillas. En muchas de ellas, sentados, esperaban noticias muchos o todos los toreros que actuaron aquella tarde.

En el centro del ruedo el imponente coche azul de Manolete aguardaba. Parecía un acorazado encallado en un banco de arena.

- A Córdoba. Lo vamos a llevar a Córdoba. Ya se ha avisado a un médico allí para que nos encuentre a mitad de camino.

Una mujer que sale de la enfermería pasa por delante de nosotros con un revoltijo de sábanas impregnadas de sangre. Me llevo las manos a la cabeza.

- Que no va a Córdoba, sino a Madrid. Se ha dado aviso al doctor Jiménez Guinea, que está en el Escorial.

- - Ya no va a Madrid –nos dice Chimo, el mozo de espadas-. Se avisará al padre de Manolo Navarro, que tiene un Hispano, para que traiga al doctor Jiménez Guinea sin pérdida de tiempo.

Colombí y yo vamos al hotel Cervantes para recoger nuestros equipajes y trasladarlos al Málaga.

Chimo ha llamado a San Sebastián

- ¿Y la ropa? ¿Dónde está la ropa? Pregunta Chimo.


Y entra uno con la taleguilla rosa y oro llena de sangre.


Una sirvienta pide unas mantas...

Al salir de la puerta del hotel encontramos de nuevo a Chimo:

- Manolete está mal, bastante mal. Lo vamos a llevar al sanatorio del doctor Medinilla.

- -No, no- replica alguien-. Va al hospital.

- Sí. Tenga usted presente que el hospital de Linares es magnífico.

- Es donde estará mejor- añade un linarense.

Volvemos a la enfermería. En la puerta espera un coche-ambulancia de la Cruz Roja.

Pero han decidido conducir a Manolete en camilla.

El trayecto es larguísimo. Manolete alguna vez, levanta el toldillo con la mano para ver el exterior.

- Despacio, despacio- dice a los camilleros.

Junto a la camilla van Rafaelito Lagartijo, Bellón, el pariente de Manolete Rafael Díaz y el banderillero Sevillano.

En la antesala del hospital, una mesa y una silla. Balañá nos informa. Uno de los médicos está muy pesimista. Otro, menos. “Yo también confío”, dice el conocido empresario.

Se le ha hecho a Manolete una nueva transfusión de sangre. Parrao dio la suya...

Tomo asiento en aquella silla junto a la mesa pegada a la pared. Estoy frente a Manolete. Su rostro emerge en el mar de sábanas. Alguna vez mueve las manos para levantar el embozo. Y suda. Camará, a su derecha, y dos hermanitas de San Vicente de Paúl, a su izquierda, le enjuagan el sudor con sus pañuelos.

De nuevo van a extraer sangre a Parrao. Pero yo no puedo creer que a Manolete lo mate un toro. Y no sé, no sé. Llegan unos y salen otros. Todos cuchichean. Nadie turba el penoso silencio Los perfiles borrosos no permiten conocer a las gentes sin acercarse mucho a ellas...

Bajo al jardín.

-Rafael- le digo a Gitanillo de Triana-, ¿por qué no coges tú el coche de Manolo y sales al encuentro de Jiménez Guinea?

- A eso voy, don Ricardo. Ya lo había pensado. No será correr, será volar...

Manolete se daba perfecta cuenta de La gravedad de su estado.

- Don Luís ¿no me mete usted mano?- le dijo al doctor Jiménez Guinea al ver que destapó la herida y la volvió a tapar, dedicando todos sus cuidados a que Manolete se recuperase.

- Luego, Manolo; luego- le contestó el doctor-. Todo está bien.

Y cerró los ojos el herido resignadamente.

Sabía que su fin estaba próximo, y sus labios balbucearon una oración...

Manuel Rodríguez, tras breve y serena agonía, inclinó la cabeza a la derecha y expiró. 

Camará le cerró los ojos. Eran las cinco horas y siete minutos del 29 de agosto de 1947. Manolete había perdonado a sus deudores para que Dios le perdonase a él.

Álvaro Domecq envolvió el cuerpo del torero en blanco sudario, se le ató un pañuelo para sujetarle la barbilla, y en las manos, enlazadas sobre su pecho, se le puso un crucifijo. Su semblante, levemente pálido, acusaba placidez en su sueño eterno.”



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Es interesante conocer la opinión del doctor don Fernando Garrido Arboledas, médico jefe de la enfermería de la plaza de toros de Linares desde 1942. Tico Medina le entrevistó – en 1973- para el programa de Televisión Española “Así fue”:

- “Vi que la cornada era, yo la consideré mortal, porque al caer tuvo la contracción muscular propia del que tiene una herida gravísima y muere a consecuencia del traumatismo tan intenso. No pudo levantar la cabeza. Lo cogieron, ya me di cuenta e inmediatamente me trasladé a la enfermería. Yo llegué antes que el torero.

- ¿Cuál era la importancia de la herida?

- Primero, la hemorragia tan intensísima que tuvo.

- ¿Perdió mucha sangre?

- Perdió muchísima. Tenga en cuenta que le partió la safena en el mismo ángulo, de manera que tiraba sangre por la desembocadura en la vena y por la rama ascendente. Además, le partió los vasos pudendos, que son dos vasos muy grandes, le contusionó el paquete vasculo nervioso en 10 cms. donde no circulaba sangre y el destrozo tan horroroso que le hizo en toda la masa muscular.

- Doctor: llega Manolete al Hospital de Linares, ¿cómo viene?

- Manolete vino relativamente bien. No había empeorado en su estado general y entonces ordené, por si hubiera habido alguna agresión, hacerle una revisión.

- Doctor, cuando usted vio a Manolete, creo, dijo alguna cosa que para nosotros es importante.

- Manolete no quiere morirse y parece que quiere salvarse.

- Y usted ordenó hacer una transfusión de sangre.

Pregunta ahora a la facultativa que hace la transfusión de sangre:

- Señorita María Luisa López, usted hace la transfusión de sangre. ¿Qué tipo de sangre tenía Manolete?


- Universal. Vimos varios donantes que se prestaron, pero la de Parrao era una sangre muy buena y, además, él tenía mucho interés en dar la sangre por Manolete, el matador de toros Parrao que dio esa noche tres veces sangre.


- En ningún momento de esas tres veces hubo rechazo ¿no es así?

- Nada. Por eso nosotros lo aceptábamos aunque ya nos parecía excesivo, pero como no le producía ninguna reacción ni escalofríos, ni nada, pues dijimos vamos a seguir con esta que le va bien.

Continúa respondiendo el doctor Garrido:

- De todas maneras doctor, creo que hay un cuarto intento de transfusión ¿no es así?

- Efectivamente, para continuar la mejoría que se había iniciado, intentamos hacerle una cuarta que la hizo el doctor Maza, del laboratorio Jaén de un banco de sangre. Sangre que él trajo. Pero ya hubo ahí un intento de rechazo y entonces ya se suspendieron todas las transfusiones.

- Ya tenemos aquí al doctor Jiménez Guinea. Hubo consulta de médicos en el pasillo, ¿no es así?

- Efectivamente, primero oímos la opinión del doctor Jiménez Guinea que había levantado la cura y dijo yo aquí quirúrgicamente no tengo que hacer nada. Está bien tratado, de modo que lo que hay que hacer es ponerle este enfermo masa, porque está muy débil, hay que ponerle masa.

- ¿Qué es la masa?


- El plasma sanguíneo. Entonces ya le contamos que había tenido un pequeño rechazo en la última transfusión de sangre y creo que deberíamos esperar para ver si continuaba la mejoría.


- Y, no obstante, se le puso el plasma sanguíneo, la masa.

- Aunque nosotros dijimos que era contraproducente se le puso.



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Las manifestaciones anteriores, hechas a un medio televisivo, no tenían carácter científico aunque sí histórico, aclaratorio, de como sucedieron los hechos. El carácter científico de lo sucedido en la muerte de Manolete lo describe el doctor Garrido en 1977.

De común acuerdo con los señores Álvaro Domecq y don José Flores “Camará” como amigo y apoderado de Manolete y dada la suma gravedad del diestro se acordó avisar al Dr. Jiménez Guinea, médico Jefe de la plaza de toros de Madrid con objeto de mantener una interconsulta con el mismo y tratamiento a seguir. El doctor don Wenceslao Martínez de esta localidad se encontraba como médico de guardia y atendió permanentemente al herido y según me comunicó y yo comprobé personalmente, dentro de su extrema gravedad había reaccionado algo de su intenso shock encontrándose despejado, orinó normalmente e incluso pidiendo un cigarrillo, por decir se encontraba mejor.

El médico consultor llegaría aproximadamente de tres a tres y media de la madrugada celebrándose a continuación la consulta y cambio de impresiones, asistiendo a la misma los doctores Isarre, Corzo, Lara, Jiménez Guinea y el que suscribe.

Todos conformes con la suma gravedad de Manolete y que en caso de recuperación del mismo lo más probable sería la amputación del miembro abdominal por el tercio superior y manifestando el doctor Jiménez Guinea que de momento no había que tocar las heridas por no haber sintomatología que lo aconsejara, ahora bien, que dado el estado de suma gravedad convendría hacerle un tratamiento a base de plasma, en lo que no hubo conformidad ya que indicamos los síntomas de rechace que había tenido en la última transfusión.

Por desgracia, a las cinco y diez de la madrugada falleció Manuel Rodríguez “Manolete” por bloqueo renal y shock consiguiente por intolerancia al plasma que se le aplicó.

Linares 29 de septiembre de 1977.

Dr. Fernando Garrido Arboledas.



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El apoderado de Manolete don José Flores, Camará, fue un testigo muy importante en el desarrollo de los hechos en la madrugada del 29 de agosto de 1947. En declaraciones a Tico Medina, se expresaba así:

“Pues yo recuerdo, Tico, una cosa que no se me puede olvidar que fue la serenidad con que estaba aquél hombre y la tranquilidad que tenía. Él conversaba con nosotros. Cuando le preguntaban que cómo estaba, nos respondía que estaba mejor, que se sentía mejor, tanto que pidió agua. Le dio Bernardo Muñoz, Carnicerito, de un botijo que había allí, un poco de agua en un vaso y le dijo: “Bernardo, por Dios, donde me has dao este agua que me vas a envenenar”. porque el botijo era nuevo y tenía el sabor el agua de barro.

Cuando llegó don Luís Jiménez Guinea le dijo: “Don Luís, ¿porque ha tardado usted tanto? Y luego cuando lo reconoció don Luís, se salió y consultó con los médicos y acordaron ponerle plasma y en el momento de ponerle el plasma dijo: “Don Luís que no veo”, fueron las últimas palabras que habló.



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Don Álvaro Domecq, íntimo amigo de Manolete, cuenta:

“No pensaba en la muerte nunca. Pensaba, sí, en su madre. Me acuerdo que decía: “¡Qué disgusto le voy a dar a mi madre!