domingo, 27 de octubre de 2013

La clase práctica vista por "La Comba"






Siempre es agradable conocer la opinión de los aficionados. De todos se aprende. En esta ocasión hemos encontrado en el sensacional blog que cubre los vaivenes sociales de Almería, la comba del indalo, una completa crónica de la novillada en clase práctica que dió el pistoletazo de salida a la feria de Almería allá por el pasado mes de agosto.

La Comba vió así la novillada:


20 de agosto de 2013, feria de Almería en honor a la Virgen del Mar y clase práctica (novillada sin picadores con variaciones) con novillos del cacereño Antonio López Gibaja para seis novilleros que se citan luego anunciada a las siete de la tarde. Una ovación a las 18 horas y 34 minutos recibe a la banda de música de la Cañada con Francisco José Pérez Cruz al frente y un repertorio que trae para la tarde compuesto por Pedrín Moreno, de Martín Alonso, Chiclanera, de Luis Vega, Rafael Oropesa y Antonio Carmona, Joselito Bienvenida de Pascual Marquina Narro, Marcial, eres el más grande de Martín Domingo y Nerva, de Manuel Rojas Tirado. Palmas a compás para la vuelta al ruedo y a Manolo Bretones, de alguacilillo dentro de terciopelo negro, enfundado, y que una semana antes se vestía de chaqué y lo veíamos en el Facebook, se ve que le va ir de época. Ole él. Por continuar en lo social antes de que empiece esto, la familia Leal y la futura Leal-Aguilera están en el tendido 5, junto a la meseta de toriles. Por allí anda el grupo joven del Prendimiento, castizo donde los haya y con las muñecas llenas de pulseras y Paco Molina que no soy capaz de fijarme si continúa con su bigote debajo de la nariz. A todo esto la banda ocupa la grada del 5 que se me queda a la izquierda mientras la estampa, abajo, son reuniones de monosabios en la habitual densidad poblacional del callejón. Las cervezas vienen en latas verdes, reina un ambiente de campo de fútbol y en el sol detrás de las barreras la gente se sienta ya sin camiseta mientras los capotes siguen doblados en la barrera del 3. No llegamos aún a las inmisericordes siete de la tarde y los primeros bocadillos rellenan los primeros carrillos de la tarde. Hay avidez o hambre en la espera y un ambiente de fiesta y un delicioso aire de pueblo bruto en las miradas al reloj. Faltan cinco minutos cuando asoma por el callejón de caballos Juan Antonio Barrios que se trae toda la crónica social de la Voz de Almería a cuestas fotografiando al caballo blanco del alguacilillo viejo. También llega el alcalde con séquito de gente del partido y Bibi del Águila que le aporta glamur al conjunto popular. Todos toman posesión de un burladero del 3 que tiene pinta de cómodo. En el 3 impera la sombra de una tarde de agosto y el gallinero de la grada se revoluciona con la llegada del gallito de la medular, la mesura de la Unión, la cara amable del Almería, el capitán querido y admirado hasta por los que no entendemos de fútbol, Miguel Ángel Corona. Se corea su nombre. Enfrente de nosotros, que estamos en 3 pegando al 4, está Pepín Liria mientras Jorge Ponce cuento que lleva diez minutos, 10, apoyado en el cerrojo de su puerta, un ojo en el caballo y otro en el palco, riéndose con Rafa Aguilera que le aprende el oficio.

Uno besa las tablas del 6, comienza el paseillo y la entrega de la llave de toriles se hace así como Justino de Nassau y el general Spínola se daban cosas en Flandes, con protocolo chusquero. El primer novillo que sale es para el francés Joao Machado (purísima y plata), que viene sustituyendo a José Cabrera, herido el 13 de agosto en Castellar (Jaén). Lo recibe a portagayola y luego le despacha algunas verónicas a embestidas algo bruscas y el toro fijo en el tercio. El quite de Fernández de la Torre es así como por gaoneras pero esto es de fiar más bien poco porque no entiendo. Un tipo irreconocible de purísima y oro pide las banderillas y se pega una carrera que el toro le pone la patata a 110. Después de esto, el primo de Usain Bolt pone un par donde se empieza a acabar el toro del que sólo le deja una. El segundo es bueno pero así como entre col y col, lechuga pues aquí entre par y par carreras. A todo esto Machado, tratando de brindar la faena si le deja la cuadrilla, torpe, lenta y embrollada. Y despistada. Con la muleta en la mano la primera tanda es con la derecha para un novillo suelto y renegón, con querencia imposible para faena de principiante aunque suena la música. Manoletinas y la banda corta al primer susto. Luego lo trata de matar como Raid, que los mata bien muertos, pero el aviso es inevitable porque no lo mata tan bien o el animal comete la torpeza de no quererse morir o hacerse el muerto aunque sea y la cuadrilla lo levanta. Aplausos.

El segundo novillo es para el murciano Fernández de la Torre (purísima y oro). Se le nota que sale con los nervios dejados en el quite al primero. Luego se pone a poner banderillas. El primero es un par simpático, el segundo lo pone Joao Machado y el tercero, que es un par apañado, de la Torre de nuevo, que luego le brinda lo que está por hacer al público que enloquece con la montera boca abajo. Serie de rodillas y música con palmas a compás. Muy torero todo, muy bien con la derecha y más efectista con la izquierda, doblándose para recoger los asomos de nobleza de un novillo que coceó para morir y se fue del ruedo sin las dos orejas reclamadas con la vehemencia acostumbrada y la parsimoniosa concesión de costumbre. Vuelta al ruedo con indicaciones de qués y cómos y orejas volando. Ovación a su paso por el 6.

El tercer novillo es para Sergio Roldán que juega en casa. De la Torre, recién toreado, le deja cuatro verónicas algo aceleradas en su quite. Luego, con los palos floridos de papel que dan en llamar banderillas un señor con ofico vestido de turquesa y azabache deja un par bueno. Luego otro de morado y negro igual. Ya quedándonos a solas con Roldán le vemos coger la muleta antiguo. Se agacha, flexiona y palia la altura. Con la izquierda deja una serie larga en el tercio, larga de profundidad, mientras desde los tendidos llegan las tres sílabas (mú-sí-cá) que empieza a sonar hasta que el bicho le despoja de aperos. Roldán monta la muleta con su ayuda y la coge con la derecha y el novillo, por el derecho, le da sustos. Regresa la música y el animal como que humilla pero remata feo mientras Roldán se vuelve a poner antiguo como se pone Morante ahora cuando está y se ponía Belmonte en la foto aquella famosa toreando en redondo que ha usado Alianza Editorial para editar en bolsillo las memorias que le escribió Chaves Nogales. Me gusta. Pero el novillo pisa la muleta porque lleva las manos por delante o Roldán no le lleva bien el tempo de la embestida y, claro, así sin entenderse el toro lleva las de ganar y lo tira cuando lo deja ‘desnudo’. Pero nada, que Roldán sigue jugando en casa con la hombría o la torería que se trae uno de casa a estos sitios y se juega el pellejo con pases por la espalda mirando a un tendido febril que remata con un pase de pecho por el izquierdo. Lo mata entre el 1 y el 2 ante un aviso que coincide con el esperpento de la agonía: la espada le sale al animal por entre los costillares que parece una aceituna. Entra Roldán a matar de nuevo y deja una estocada tendida de esas que matan pero de aburrimiento, el novillo que se amorra en el 6 y un subalterno pericioso de azul y azabache se pone a intentar decabellarlo. A todo esto suena el segundo aviso y por allí se escapa un derrote que le deja al hombre afanado una hendidura blanca en la taleguilla a su cuarto intento. El toro cae al quinto o sexto acerado.

10 minutos de merienda, gula en las gradas y sale un novillo serio (el número 56) para Rubén Martínez, también de la tierra. Fernández de la Torre le pega unas verónicas voluntariosas y Miguel Andrade lo despacha por delantales que pasan desapercibidos. De la cuadrilla hay un señor de verde/azabache al que le espera su señora en casa que le pone un par de banderillas con oficio, el segundo lo pone  valiente Joao Machado y Rubén Martínez brinda al público, suena la música y las palmas a compás y cita al bicho con gritos y postureo de lejos, a unos 4 metros, y lo lleva muy bien y lo cita ahora de más lejos con unas gaoneras que no lo son. Al natural resuelve Martínez un sustito como si tuviera años de profesión y la faena empieza a gustar. Tanto que con la izquierda el niño está para que le rompan la chaquetilla en Madrid. Entonces el 56 le pega un revolcón que es bueno que se lleve porque eso curte pero como aún no lo está lo quiere matar antes de templar los nervios. Y el acero se templa con paciencia así que pincha en hueso y la espada se convierte en perseida que araña el azul aún del cielo hasta que a la tercera va la vencida. Otro toro que se va a morir por el burladero de los areneros y le persiguen como moscas cuatro pinchazos. Empiezan los pitos, un aviso y nos vamos a esperar al quinto de la tarde mientras el cuarto aún muge camino del 7 a cuyas tablas se va a morir. Saludo desde el tercio y ovación.

El novillo que lleva un hierro con el 50 es para el jerezano Miguel Andrade (grana y oro) que recibe de rodillas en el 2 dos veces con urgencia de ambulancia que pasa (el toro) y de enfermo que espera (el novillero) y luego le pega varias verónicas que remata con media tan buena que la otra media que le da por hacer da asco. Quite por chicuelinas de José Antonio Lavado y suena la música para el par de banderillas que va a poner el jerezano. Un simpático par fallido porque dobla las manos fuera de guión el animal y el aguijón pincha en viento. Luego ya sí. Estupendo. El segundo par por el derecho, soberbio. El tercero, por el engaño trepidante, pone en pie a la masa y la cosa pinta de excesos tal que se prevé que lo que haga esta noche Andrade aquí sea antológico. Tal le llega al entendimiento a Andrade que se va a poner un cuarto par que lo pone tan asomándose al balcón que se va a resfriar el muchacho mientras los borrachos y las mujeres le gritan torero, torero. Luego, con la montera que cae tal que manda el tópico, el ambiente se empieza a cargar de invocaciones al duende y a los fantasmas viejos de Cúchares y alguno más. La plaza son todo miradas en su casi lleno a Andrade, hay silencio maestrante pero no tanto, el de Jerez que coge los trastos con la derecha, la expectación que aumenta, la tensión lo mismo, levanta la cabeza, anda despacio, mira al novillo, lo cita y se le cuela. Uy. Luego despacha una serie mediocre y las palmas suenan a rebufo de lo de antes pero aquí ni duendes ni fantasmas ni nada.  Esto decae pero no, llega una serie mejor y aunque por el derecho el novillo como que no va bien y es tosco, Andrade le mejora la embestida. Luego con la izquierda va arrastrando la muleta por la arena hasta que la echa donde cae la baba del animal que sale suelto. Guatemala por el derecho, Guatepeor por el izquierdo, lo que rápidamente entiende el hombre y le recorta las distancias sacándole pases de su distracción por donde salen las mulillas. El diestro es desmontado, golpe de aro y una sensación en el ambiente de que esto se está viniendo abajo. El novillo se ha rajado hace tres horas y media y el novillero intenta sacarlo pero lo termina matando en la puerta de toriles. Lo que sigue son un par de charlotadas que conviene evitar en adelante al matar enrabietadoe incontinente de más. Una oreja y abucheos a Marco Rubio en la presidencia mientras Manolo Bretones le entrega la oreja. Esto se parece a Bosnia en un artículo de Pérez Reverte, con bronca al palco y bombardeo costumbrista de botas, abanicos y flores a andrade que completa dos vueltas, 2 al ruedo cuando la luna casi llena aparece por sobre el tendido 7. El novillo que se lo llevan, el presidente que saca el pañuelo para que salga el último de la tarde y la gente que se cree que es la segunda oreja protagonizan los últimos apuntes de la penúltima contienda.

Sale el 6º para José Antonio Lavado, que viene de Málaga. Un novillo fuerte al que azul/oro dispensa chicuelinas en su quite y se va con una media trivial. Luego azul/azabache le cuelga dos banderillas por el pitón izquierdo, luego es purísima/plata por el derecho el que se enfrenta a un novillo con retranca que lo ha visto venir  y Lavado coge la muleta para empezar la faena en los medios. El novillo da saltitos al pasar por ella como un soldado mariquita el día de su jura de bandera y el malagueño le arrea pases de rigor. Pero poco más. En los finales de cada serie la muleta se la lleva puesta y la gente pide música que con buen criterio no atiende Francisco José Pérez Cruz. El novillo no se está quieto y así no hay manera de hacer el toreo moderno que le gusta a los que entienden. y entre enganchones se diluye un novillo, sexto y último, malo. La plaza se vacía y la faena sólo se sigue desde el callejón. Así que con el pescado vendido viene una penúltima tanda buena pero ya el vuelgo ha venido a otras cosas y se lleva su nevera. Lavado mata a su oponente entre el 6 y el 7 cuando son las 21:28 h. y el toro echa a correr para caer entre el 2 y el 3. Esto no merece oreja pero, bueno, se la lleva y la gente tan contenta. Los monosabios recogen la sangre mientras están de cháchara con el alguacilillo de sienes plateadas que porta en su diestra el apéndice del solaz para una tarde de oficio que se cierra con la vuelta al ruedo de un novillero con cara de diestro sudamericano de los 60. La oreja que vuela hacia el tendido y se la lleva Paco Giménez, el padre del Latas, que se la deja a un niño ruso que posa con entre orgullo y asco con ella mientras otros padres hacen cola para que sus hijos se hagan la misma foto. Buena tarde en clave taurina aunque los muchachos vestidos de luces hayan estado más en clave novillada que clase práctica.