lunes, 21 de julio de 2014

La tarde era de Morante


Acaba la feria en honor de Santa Ana de Roquetas de Mar, con un cartel de campanillas, en el que se ha colgado el cartel de "No hay billetes".

La empresa pública, pero encarnada en la persona de Victor Zabala, ha vuelto a demostrar que con trabajo es posible dar una imagen joven, dinámica y atractiva. El público ha respondido a esta iniciativa y nuevamente Roquetas ha sido ejemplo de buen hacer.

Se ha lidiado un encierro de Juan Pedro Domecq, terciados y de buen juego en general.

Jose María Manzanares lidió en primer lugar un animal con la fuerza muy justita pero a cambio ofrecía una nobleza y un temple infinitos. El alicantino casi llegó a abusar en redondos invertidos en los que se hacía eje sobre el que giraba el toro. Antes, largos derechazos y naturales le han valido para desorejar al toro (el tema de las orejas, más o menos, sigue igual). El mismo son tuvo su segundo, con el que un Manzanares confiado y relajado pudo, a media altura, hilvanar un compacto trasteo, suave y templado que jaleó con fuerza el público que lo esperaba. Otras dos orejas, que para esa altura de la tarde ya caían de dos en dos como cosidos los pañuelos el uno al otro.


Talavante me ha encantado. Por las razones que sean, que teorías hay muchas, no está toreando lo que debiera un torero en estado de gracia. Acostumbrado a ver, por desgracia, mucho toreo en linea recta, el remate de los muletazos detrás de la cadera del extremeño me han conquistado. Firme hasta perderle el respeto al toro, el primero (también muy terciadito) bravo y con movilidad, le ha propinado una fea voltereta al aguantar un parón por el pitón izquierdo. A ese toro lo había cuajado por los dos pitones y los remató con ceñidísimas chicuelinas, más de ¡Ay! que de ¡Olé!. Incomprensiblemente, para mi absolutamente incomprensible, en esta ocasión la presidencia denegó la segunda oreja que le concedió a.... todo el mundo. Una solitaria fue el balance.

El que cerró feria siguió la tónica de sus hermanos y se movió en la muleta del extremeño que, en mi opinión, sin llegar al nivel de su primer toro, vió caer otro pañuelo.


Pero hoy la tarde era para el genio de la Puebla del Rio. La primera incógnita se ha desvelado al romper el paseillo, ya que recordando lo que ocurrió hace seis años, y entre los pitos y los aplausos el público lo ha recibido con una cerrada ovación. 

Su primero era un toro de Juan Pedro sin fuerza para mantenerse en pié y que fue devuelto cuando Francisco Javier Sánchez Araujo banderilleaba. Salió un zambombo, bajo y regordio que tampoco tenía facilidad de movimientos, y con el que Morante no estuvo confiado en ningún momento, a pesar de regalar algún pase suelto de bellísima factura.

Con el segundo de su lote se ha roto el guión. Debo confesar que en el bolsillo de mi camisa llevo una pequeña libreta de gusanillo para apuntar lo que mi torpe memoria luego no recuerda, y que como resumen para este cuarto toro de la tarde tan solo tiene apuntado un exabrupto tan grande que me siento incapaz de reproducirlo. Morante ha estado enorme. Se ha abandonado, se ha dejado llevar por la inspiración. Faena larguísima, que se ha roto de segunda mitad en adelante, y los pases, cambios de mano, recortes y desplantes se han sucedido sin solución de continuidad en la creación de una obra de arte. Es inutil intentar explicar el torrente de inspiración que ha derrochado Morante. Eso si, le emplazo para una futura y amplia galería fotográfica. Dos orejas.


El ansiado cartel de "No hay billetes".