domingo, 20 de julio de 2014

Primera de Roquetas; El cuarto tercio


Primera corrida de toros de la feria en honor a Santa Ana de Roquetas de Mar y segundo lleno en los tendidos, tras la clase práctica del día anterior. Tarde de muchísimo viento, que arreció sin piedad en los toros del maestro Ponce, y tarde en la que descubrimos que los tercios de la corrida son 4, ya que tras la suerte de varas, banderillas y tercio de muerte, llega el de pedir la oreja, solo así explico la abnegada obsesión de flamear pañuelos a la muerte del toro, sea lo que sea lo que lo haya precedido. Y ligero de muñecas el presidente.

Con su primer oponente Enrique Ponce no pudo encontrarse agusto a causa del fuerte viento que le acompañó durante la faena, trasero y mal picado llegó a la faena de muleta con las fuerzas justas para seguir cansadamente los engaños, aunque la falta de fuerzas seguramente sea más culpa de su condición que del picador. Ponce le dedicó una faena larga, madurada, aunque sin la emoción del toro bravo porque la pastueña embestida no  permitia esta emoción. Mató de espadazo y cortó la primera oreja de la tarde.

Con el cuarto si me pareció un Ponce muy Ponce. Toro con peligro, informal, con la cara muy suelta, y con un violento derrote al final de cada muletazo, el diestro tuvo que torear de uno en uno, cruzando y colocando los engaños en cada uno de los viajes. Para matar el animal echó los pitones al cielo que fueron sorteados con habilidad por el matador, que cortó otra barata oreja.


David Fandila sorteó el lote de la tarde. Su primero sería a la postre el toro de la corrida, y lo aprovechó el granadino con series largas y templadas por el pitón derecho, si bien no llegó a acoplarse por el izquierdo. Continúa Fandi con su idilio con los tendidos que enardecen ante cualquier gesto del torero, y no lo digo como defecto, si no como virtud. Dos orejas.

Más interesante para el aficionado fue el quinto, que de salida se emplazó en los medios y no parecía tener ganas de acudir a las llamadas de los banderilleros. Al caballo le pegó un arreón de mansurrón que descabalgó al jinete, que en el segundo encuentro se desclavó la espina. Juan Manuel Rodríguez era el varilarguero. Faena, esta si, con emoción, con un toro que embestía como un torrente de energia que intentaba canalizar el matador. Todo un poco a menos en el transcurso de la fanea y otra oreja.


Debutaba Ivan Fandiño en Roquetas, y lo hizo con un primero muy flojito al que se le pidió con fuerza el pañuelo verde. Durante los primeros tercios hubo más de cuidarse el toro que torearlo, para luego, con el toro ya enseñado a moverse sin que rodara por los suelos, una faena correcta del torero de Orduña, basada en la quietud, y rematada con unas ajustadísimas manoletinas. El respetable pidió una oreja y el presidente lanzó de una los dos pañuelos. Como el segundo es suyo, lo puede lanzar cuando quiera, pero creo que esa faena que vió solo la vió él.

Con el que cerraba plaza se vió el puyazo de la tarde y probablemente de la feria, pero ahora no puedo facilitar el nombre del picador, porque no lo se, no por otra cosa. Toro arrancado de largo, el picador que marra, el toro que levanta los pies del caballo y picador que aguanta la embestida, sin descabalgar y tan solo manejando con enorme acierto las riendas. Luego si metió las cuerdas y la pelea fue bellísima. Luego en las telas el toro fue bruto y desclasado, violento en algunos compases. Firme el torero en faena anodina y oreja, claro.


Al final todos contentos que es de lo que se trata, publico alegre por idiosincrasia que volverá a los toros.