lunes, 14 de julio de 2014

Tras los pasos de Manolete


Si tuvieramos que marcar tres ciudades que marcaran la vida del monstruo cordobés por seguro estas serían su Córdoba natal, Linares por motivos obvios, y la tercera probablemente sería la ciudad de Lanjarón, en la sierra granadina.

No es algo muy extendido que a Manolete le gustaba pasar sus pocas épocas de descanso en dicha localidad, disfrutando de su tranquilidad, sus calles y su balneario. Nosotros, siguiendo los pasos del diestro, nos hemos trasladado a Lanjarón. No nos ha costado trabajo encontrar personas que amablemente nos han contado historias de Manolete, anécdotas que nos ayudan a acercarnos a tan enorme torero.

Con la voz baja, algunos nos decían que "no era Lupesino la única mujer con la que Manolete había visitado Lanjarón". Manolete se hospedaba en el HOTEL ESPAÑA, y allí nos atendió con una amabilidad extraordinaria Nuria Gallardo, a la que agradecemos su disponibilidad para responder a las preguntas que le hace la periodista Pilar López, así como al Hotel España, por abrir las puertas a nuestro interrogatorio sobre la figura de Manolete, y contestó lo que ahora os acercamos:



Esta es la entrada actual del Hotel España, donde se alojaba Manolete, y de donde salió Lupesino cuando la avisaron de la (en aquel momento) grave cogida.


Esta es la terraza, donde a Manolete le gustaba sentarse a jugar



Entrada del Hotel España, con el mobiliario de la época.


Fotografía del salón comedor del hotel, que recuerda a Manolete y a Lupesino


Recepción del hotel, con el mobiliario que guardaba la llave de la habitación 107, donde tal vez Manolete pasara alguno de los mejores momentes de su corta vida.


El abanico que cuelga de la pared quedó olvidado en la habitación de Lupesino aquella maldita tarde de 28 de agosto del 47, cuando le recogieron los zapatos hubo de marchar a toda prisa.


Detalle del abanico


 Estas dos imagenes pertenecen al "botones" que tuvo que dar la fatídica noticia, y que luego sería director del hotel.



Fachada actual del balneario, donde Lupesino pasaba las tardes, y no es descabellado imaginarse a Manolete relajado tras esos muros.