viernes, 29 de agosto de 2014

Ponce brilla en la oscuridad de Juan Pedro


Finaliza la corrida estrella del abono almeriense. Tres cuartos largos de plaza han visto hacer el paseillo a Enrique Ponce, Morante de la Puebla y Jose Mari Manzanares. Quiero hacer notar que ya el año pasado hice mención de unos señores que equivocadamente pensaron que la plaza de toros es para hacer politica y colgaron una tela con varios colores de una andanada, no se bajan del burro y ya, como predije, son varias las banderas que se ven en la plaza, de signos variados. Tal vez dentro de poco nos olvidaremos de ver los toros y nos dedicaremos un par de horas a hacer politica...

En lo taurino se ha lidiado un, en general, manso encierro de Juan Pedro Domecq. Abrió plaza el incombustible Enrique Ponce. Su primero fue un terciado Juan Pedro que embistió con templanza y bondad a la muleta del valenciano, pero con la transmisión ausente todo el esfuerzo lo puso el matador. Destacó sobremanera los ayudados, unos por alto y otros por bajo, para cerrar al toro. El generoso público pidió dos orejas, que acertadamente la presidencia concedió solo en el 50% (vamos, solo una) y Ponce la paseó en dos vueltas al ruedo. El Cuarto fue mal picado porque Ponce lo dejó ir al relance desde el burladero del 7 hasta el peto de su picador, que fue aparatosamente derribado. Luego lo enmendó con un excelente quite por verónicas y chicuelinas. En el tercio de banderillas ya mostró su mansedumbre apretando para dentro a los auxiliares de Ponce, y durante la muleta lo puso de manifiesto constantemente, pero Ponce lo entendió a la perfección, y tanto lo lió que el toro acabó embistiendo (dentro de la raya de los 7 metros, eso si) a la muleta del valenciano. Esta vez Ponce fue Ponce, aprovechando cada embestida, cada querencia, cada movimiento para ponerlo a su servicio. En este que hizo cuarto escucho una ovación y vió una leve petición con vuelta al ruedo.

Cerraba plaza Manzanares. También manso en banderillas su primero, buscando la querencia para apretar a los que lo molestaban. Este manso también le valió para cortar una oreja a un torero de enorme estética pero antonimio a la pureza y a la verdad. No es la colocación de Manzanares clásica ni pura, dejemoslo así. Cortó una oreja tras un espadazo recibiendo entre los tendidos 7 y 8. Sin embargo, sorprendentemente, no descargó la suerte (o no tanto) en el que hizo sexto, que fue más complicado y menos propicio para el toreo que su primero. En este ya no salió a banderillear Curro Javier, que llevaba un fuerte varetazo en el muslo de la lidia del primero. El que cerró plaza media y pensaba, y no fue tarea facil la que tuvo el alicantino para meterlo en la muleta. Fue faena meritoria esta, premiada con una oreja que equivalia a la llave de la cerradura de la puerta de la Avenida de Vilches. Dos orejas justitas que valen una salida a hombros light. Seguramente se solucionaria esto con que fuera necesario dos a un mismo toro.

Entre un levantino y otro hizo el paseillo Morante de la Puebla. No pudo brillar con la capa en su primero, que fue recibido de muleta con toreros doblones. Pudo encajarse en dos sentidas tandas por el pitón derecho, bajando la faena en intensidad y calidad por el izquierdo, donde el toro punteaba las telas. La faena no llegó a calar en los tendidos por los altibajos a los que nos referimos y aunque Morante lo sacó con preciosos ayudados por alto hasta los medios y allí lo mató (tras un pinchazo), no pudo pasar de una petición y una ovación que recibió desde el tercio. En el que hizo quinto (quinto malo) si lució la capa de Morante, especialmente en un quite por verónicas de las que deberían recordarse durante mucho tiempo. Durante la faena de muleta, en el tendido 6 se vivieron momentos de tensión entre partidarios y detractores, como dicen que pasaba en los tiempos de la edad de oro. A la vez que eso ocurría, Morante paró al toro de muleta a pies juntos, agarrado de la barrera, y le paró los pies con un trincherazo que vale todo el oro del mundo. En este caso no fue la mansedumbre, si no la falta de fuerza y casta la que hicieron que la faena fuera de mas a menos y tres pinchazos y un espadazo dejó el resultado en unas palmas.