domingo, 3 de agosto de 2014

Torres Jerez puso el toreo en Berja

 Lleno absoluto en los tendidos de una recuperada plaza de Berja, en una corrida de toros que tuvo que empezar con algo más de 15 minutos de retraso debido a la gran aglomeración de personas que se empujaba por los pasillos de acceso para poder ocupar su localidad.

Nada en el toreo es fruto de la casualidad, sino del trabajo y del esfuerzo. En este caso el responsable es el matador de toros Jose Olivencia, que como el Rey Midas, convierte en oro todo lo que toca, o en éxito todo lo que gestiona.

Jose Olivencia, empresario de Berja

La corrida comenzó con un extraño minuto de silencio, que a pesar del parón de los espadas al terminar el paseillo el usía olvidó guardar, y hubo de guardarse una vez acabado el despeje de plaza cuando iba a salir el primer astado de la soleada tarde.


De lo que vino después, encontramos una extraordinariamente presentada en plaza de tercera categoría corrida del hierro de Lagunajanda, con remate y presencia, que se mostró noble y colaboradora en las telas de los espadas. Destacó la clase y el temple del tercero. Por el otro extremo la falta de fuerzas de los que hicieron segundo y sexto. El mejor lote en su conjunto el de El Cordobés.

Con aquel mejor toro destaco sobremanera el toreo de Torres Jerez, diestro apoderado por la empresa, que hacía apenas 8 horas había desembarcado desde Perú, donde había matado dos corridas de toros y tuvo que torear infiltrado debido a un golpe en el antebrazo izquierdo. 

A ese toro ya lo cuajó por verónicas y delantales antes de firmar otro quite por verónicas de manos bajas y compas mecido al son del buen tercero, rematado con media verónica. Con la muleta comenzó su toreo enseñando al animal a embestir, a la altura que pedía el bravo aunque flojo animal, para más tarde someterlo y hasta abusar de su cadenciosa embestida. Derechazos y naturales, cambiados y pases por la espalda, circulares y desplantes. Para esa altura de la faena el toro ya se había entregado a la muleta del almeriense que se enroscaba al animal una y otra vez, como en aquel pase de pecho que aún no ha terminado. La mala puntería con la espada lo privó de un triunfo gordo en este animal. La oreja cortada y la que le arrancó al parado que hacía sexto tras mucho insistir le valieron para salir en hombros.

Igual salieron sus compañeros de cartel, que hicieron las delicias del alegre publico virgitano que vibró y se lo pasó en grande con el toreo de El Cordobés y el Fandi, que cortaron 3 orejas cada uno.