miércoles, 17 de septiembre de 2014

La barbarie perroflautica ataca de nuevo






Los que me conocen saben que no soy seguidor ni partidario del toro de la Vega. Pero de ahí, a los abusos cometidos por la escoria habitual va un trecho insalvable.

En primer lugar alguien debería decirle a la progresía que sería conveniente que aprendieran a respetar lo que no les gusta, y lo que es más importante que no jueguen con la vida de las personas. Si, con la vida. 

En el recorrido por el que tiene que pasar el toro de la Vega se vertieron charcos de aceite, intentando que los mozos cayeran delante del toro, con las consecuencias que eso puede acarrear. Tampoco estaría de más que los que dicen defender la naturaleza no intenten que los que no piensan como ellos ardan sin más miramientos, ya que un ser despreciable incendió una parte de la ladera que rodea Tordesillas, que además formaba parte de un área protegida. Dice el alcalde del pueblo (PSOE) que "se le caerá el pelo". Espero. Los simpáticos gamberretes también, mientras salían del pueblo, se liaron a navajazos con las ruedas de los coches que había aparcados por donde pasaban con la felicidad que transmiten.

Estos absurdos personajes gracias deberían dar a que retrasaran la salida del toro 30 minutos, ya que formaban una cadena humana en mitad del recorrido. Sabe Dios que a mi me habría costado trabajo no abrir esa puerta. Hubiera sido divertido.

Y si tanto se visten con la bandera del progresismo podrían intentar, al menos, respetar las costumbres de los pueblos de España, y que además en este caso representaban la voluntad de la mayoría. Digo de la mayoría porque en el pueblo había, según fuentes municipales, 40.000 personas entre participantes y espectadores del toro de la Vega


Mientras que los activistas cegados por el odio al projimo eran unos 50. Cerca de un centenar dice alguna crónica. Vale.


Incluso en una manifestación organizada en Madrid, el día que a PACMA le viene bien, cuando la gente de PACMA está disponible, a la hora que ellos quieren no llegan a la cifra de participantes del toro de la Vega.


A todo esto, la Guardía Civil, con una paciencia jobiana retiró uno por uno a los hippies que se manifestaban, con cuidado para no herir sensibildades. España es el único país donde el agresor va a casa del agredido y hay que hablarle de usted. Así nos va.