domingo, 19 de octubre de 2014

(Torres Jerez) Tranquilo matador, vamos a comprar anestesia


Pasadas unas horas de la angustia vivida, vamos comprendiendo la magnitud de la tragedia que pudo haberse vivido en Cajabamba en la jornada del viernes pasado.

Al recibir tan tremenda cornada, el diestro Torres Jerez se dirigió al interior de la plaza en busca de una enfermería o ambulancia, y ahí empezó el calvario. Lo que vamos a relatar procede de primera mano, en conversaciones con familiares y el apoderado del diestro.

Al pasar Paco Torres Jerez al callejón, fue llevado a una casa vieja que se encontraba cerca de la plaza, al no haber enfermería ni ambulancia. Al torero lo tumbaron en una mesa en el salón principal de la casa, donde le dijeron: "tranquilo matador, ahora vamos a comprar la anestesia".

Desde que Torres Jerez cayó en aquella mesa, hasta que se detuvo en la entrada de la casa el coche que portaba la anestesia inyectable, habían pasado 40 minutos. En este tiempo, el torero le contaba al médico del lugar que durante el trayecto que fue colgado del pitón, desde los medios hasta el tercio, él veía salir el pitón por el otro lado del muslo. Iba atravesado.

Ya con la anestesia, el doctor limpió sin abrir por completo el muslo, y lo cosió, no sin antes equivocar la dosis de anestesia que había de inyectar, lo que provocó la perdida de consciencia del diestro, poniendo en peligro su vida acercandolo un shock de consecuencias fatales. Limpiar y coser. En pocas horas el muslo tenía un hematoma, una inflamación, y un dolor insoportable.

7 horas duró el traslado, en estas condiciones a la ciudad de Trujillo, donde fue operado de 3 cornadas, la principal y dos que no habían sido vistas en la primera "cura". El torero ha sido abierto desde el tercio medio del muslo, hasta la ingle en trayectoria ascendente, y desde ahí, hasta la nalga, en trayectoria horizontal, en total más de 40 centímetros de carne rota. En palabras de los doctores de Trujillo, las venas femoral y safena habían sido desviadas de su conducto natural, "no se rompieron porque Dios es bueno". Habría sido, sin el menor resquicio para la duda, el final de Torres Jerez, en la mesa de un caserón, esperando un coche con anestesía.

No sabe el toreo, no es consciente aún, de lo cerca que hemos estado de la tragedia.