domingo, 22 de febrero de 2015

Torres Jerez, prueba de fuego con Salvador Domecq

 

Torres Jerez continua con su preparación para la ya cercana encerrona del 28 de febrero. En esta ocasión se desplaza a la ganadería de Salvador Domecq gracias a la ayuda y colaboración que le prestaba, en esta ocasión, la peña «Jueves Taurinos» de la capital almeriense.

  

Entre los cercados, nos miraban curiosos los añojos, temidos toros dentro de cuatro años...


 

y los utreros, con su vivaz mirada de joven adulto.

 

Temprano empezamos la faenas de campo, preparando los caballos para el tentadero...


 

Que serán el termometro de la bravura de las futuras madres...

  

Torres Jerez paró y toreó tres becerras...


Destacando por su clase y su temple la que hizo segunda. Le faltó algo de fuerza, tal vez se lastimara al comenzar la faena de muleta, pero su calidad era indiscutible. A la primera de las becerras le faltaron ganas de embestir, le costaba pasar y cuando lo hacía no se empleaba como debiera. La falta de entrega se evidenciaba en la cara alta y las miradas en busca de una excusa para no embestir. No fue sorpresa que al abrir la puerta corriera con desespero a su dehesa. La que hizo tercera tuvo más clase que la primera, sin llegar al nivel de la segunda. Tampoco tuvo fuerza, tónica común de las tres eralas, y si bien seguía la muleta del almeriense lo hacía sin la clase de la de mayor nota de la mañana. No puso en grandes apuros a su lidiador, que acabó toreandola a placer, rematando la faena con ayudados por bajo de notable factura.

 

Torres Jerez estuvo variado al ponerla y quitarla del caballo...

 

Y magistral con la muleta.

 

 

 

 

 

 

 

La prueba realmente llegó con el cinqueño. Un toro de enorme trapío, largo y hondo, que adornaba su figura con dos serios pitones enfundados. Pocas serían las plazas que no se sentirían dichosas con este castaño albardado en los corrales. Toro bruto, que embestía rematando cada muletazo con un seco golpe de testuz, con tendencia a meterse en los adentros de la muleta, y que necesitaba de mano firme que lo condujera. Torres Jerez le dió lo que le pedía, con colocación y distancia. El toro agradecía cuando el diestro lo hacía embestir sin parar entre muletazo y muletazo, premiando el esfuerzo con una embestida algo más larga, pero nunca entregada. Ha sido una lidia de gran mérito.

 








En la tapia se encontraba el almeriense Jose Cabrera, que prepara esta temporada su salto a los del castoreño, y que se mostró firme con todos los animales en los que salió, incluido el complicado cinqueño, con el que estuvo firme y altamente voluntarioso. Aprovechó las últimas arrancadas del toro aguantando sus tensas miradas y sus inciertos parones.