domingo, 13 de septiembre de 2015

Opinión: La decadencia del toro en Almería


Una vez acabada la feria de Almería 2015 y dejando de un lado, crónicas, críticas, y los distintos premios otorgados, es fundamental reflexionar sobre el grave problema que arrastra nuestra feria desde hace años y que vuelve a repetirse feria tras feria: el toro, su presentación.
Si echamos la mirada hacia atrás a la década de los 80, los 90 e incluso recién entrado el año 2000, se puede observar que el toro que se lidiaba entonces era un toro fuerte, serio, con trapío, entipado, sin exageraciones, armónico, un animal envidiado por muchas ferias, elogiado por medios de comunicación,  que llegaba a facilitar el triunfo y creaba espectáculo, todo lo contrario de lo que ocurre ahora. Por lo tanto cabe preguntarse ¿Por qué se ha llegado a esta lamentable y preocupante situación? ¿Cuáles son los motivos de este descalabro ganadero? ¿Quiénes son los culpables de este declive?

Almería, nuestra provincia, no es zona ganadera de bravo, está totalmente aislada de dehesas donde se cría el toro bravo, no existe ninguna conexión con ganaderos, mayorales y gente de campo, no hay tradición ganadera en la zona, o sea, que sin tener nuestra comarca ningún contacto con el toro de lidia, siempre  hemos podido disfrutar  de lo mejor del campo bravo, hecho que actualmente ha desaparecido por completo.

A nuestra feria han acudido año tras año, las máximas  figuras del escalafón del momento,  siempre acompañados de aquellas ganaderías o encastes  que ellos consideraban que estaban en mejor momento o que se sentían más cómodos, más seguros,  con más garantía de triunfo, hecho que ha ocurrido siempre y que seguirá ocurriendo, no es nada nuevo, aunque antes se jugaba con todas las cartas de la baraja y ahora se juega con solamente cinco cartas, pero este  tema ahora no es el que se trata.

 Si en aquellos años, los 80, los 90, venían las máximas figuras a nuestra feria con auténticas corridas de toros, ¿porque ahora vienen las actuales figuras  con animales mucho más terciados a sabiendas de que cuando van a cualquier otra plaza de segunda categoría el toro que sale es más digno?  ¿Eran aquellas figuras de los 80, 90  conscientes que ante semejantes animales indignos por su condición de máxima figuras no debían ponerse delante de esos toros, ya que era indigno para su estatus?

No creo que haya que restarle valor tanto a unas figuras como a otras,  pero si puede que la capacidad de imposición y de acomodo sea mucho mayor en las figuras actuales y ello este desembocando en lo que estamos sufriendo en nuestra feria.

La empresa, responsable de la compra del ganado y siguiendo los gustos y preferencias de las figuras ha pasado de traer corridas de auténtico lujo a corridas impresentables.  Toros pertenecientes a ganaderías con 200 vacas de vientre donde es muy fácil elegir una corrida digna para una plaza de segunda categoría como la nuestra y no traer lo que nadie quiere o sobra en el campo. Así que aunque las figuras exijan sus preferencias y gustos, la empresa es máxima responsable de lo que se trae el camión del campo, siempre lo ha hecho así, durante 60 años nada más y nada menos, pero ¿Por qué ahora ha bajado tanto el listón ganadero? No creo que sea por falta de ganado para elegir y por otro lado el gusto de la afición no ha cambiado, ya que en ningún momento la afición ha demandado este tipo de toro, jamás,   ya que  se echa de menos aquellos toros de los 80, 90 y principios del 2000.

José Picón Salvador

EL CALIFA, CON UN TORO DEL PUERTO DE SAN LORENZO. AÑO 2000




ENRIQUE PONCE, TORO DE ZALDUENDO, AÑO 2002