martes, 25 de octubre de 2016

Benjamín Hernández habla de toros en el Casco Antiguo


Hace algunos números publicaba La Voz de Almería:

 La Asociación de vecinos del casco antiguo ha celebrado su XVI jornadas culturales, en las que ha participado con un notable éxito de público el presidente de la plaza de toros de Almería, Benjamín Hernández Montanari, reiterando el éxito, no solo de público sino tamibén en cuanto a su intervención, al finalizar la misma.

Con todo lujo de detalles, y con una elevada sensibilidad, el presidente fue ordenando las manifestaciones taurinas que hemos vivido en nuestra ciudad. Después de la toma de Almería en 1489, en la actual plaza vieja, se ejercieron torneos con reses bravas, regulándose y reglándose para los juegos que servían a la vez como entretenimiento y como entrenamiento militar.

Así, en la plaza siguió, hasta la concesión de la Feria en 1807, las fiestas cívico-religiosas en honor de la co-Patrona de Almería. Las fiestas tenían lugar en diciembre-enero, cuando los festejos taurinos se celebraron tanto en la plaza Vieja o de san Francisco (san Pedro), alternativamente, e incluso más allá se pensó en el solar de la Casa de Expósitos (definitivamente cuartel de La Misericordia).

Por supuesto también repasó Hernández Montanari los varios movimientos antitaurinos que infructuosamente se han producido a la largo de la historia. Varios han sido los intentos, pero nunca han logrado calar en una sociedad que ha sabido manejar su libertad para escoger, sin presiones políticas o eclesiásticas (el Papa Pio V llegó a sancionar con la excomunión a quienes participaran en festejos taurinos), las manifestaciones sociales y culturales de las que ha disfrutado. En palabras de José Ortega y Gasset, «esa fiesta…durante dos siglos ha sido el hontanar de mayor felicidad para el mayor número de españoles y no puede comprender bien la historia de España, desde 1650 hasta hoy quien no haya construido con rigurosa construcción la historia de las corridas de toros en el sentido estricto del término; no de la fiesta de los toros que más o menos vagamente ha existido en la Península desde hace tres milenios». En el mismo sentido, pero con palabras de Claramunt López, «la tauromaquia de nuestros días, creación cien por cien hispánica, no tiene apenas sentido para quien no nonoce ni ama, con todas sus consecuencias, la Historia de España»