martes, 26 de septiembre de 2017

Toreo caro en la feria de Vera



Tras la feria de Vera, publicó LA VOZ DE ALMERIA en su edición papel:

Algo más de media plaza, se dió cita para la primera corrida del abono de Vera. El público es soberano, pero lamentablemente en esta ocasión la media plaza que no vino no se enteró de que en el cartel estaban algunos de los toreros más interesantes del toreo actual.No comprendieron que Curro Díaz es uno de los grandes estetas de esta época, ni que Paco Ureña practica el toreo más puro y más de verdad del escalafón. Tiempo habrá de volver a verlos pero la oportunidad de verlos esta feria venía en bandeja de plata.

La corrida, de Nuñez de Tarifa, estuvo un punto por encima de lo que se acostumbra a lidiar en cosos de tercera categoría. Enjuego fue variada, pero en general se dejó. El lunar negro fue el cuarto de la tarde, un inválido que no podía mantener su cuerpo en pie, y no estaba pasado de kilos.

Curro Díaz lidió un solo oponente, el primero de su lote, que  manseó en los primeros tercios y no se centró hasta que se quedaron solos en el ruedo toro y torero.Sobre el pitón derecho  dejó Curro Díaz  la  base de  una fena larga, templada y ligada. El comienzo de faena fue una composición de carteles de toros hasta cruzar la segunda raya de picadores. Pinturería y buen gusto, clase y mando en los remates por bajo.

En las series en redondo obligó al toro, hasta donde este podía, acompañando con la cintura los derechazos. Marcó el toro el momento en que necesitó poner fin a la faena, cosa que hizó con un pinchazo y una estocada. El segundo necesitaba, más que un torero, una UVI movil que lo reanimara. Incapaz de mantenerse en pie se echó en varias ocasiones antes de que Díaz desistiera de continuar con el trasteo.
Con el torero de Linares hizo el paseíllo el almeriense Blas Márquez, que lidió el primero de su lote con solvencia y con facilidad banderilleó al segundo.

El Cid Llegó a Vera a rematar una temporada que no ha sido fácil para él. El primero de su lote fue el toro más fuerte del encierro (enlotado con el quinto, que fue el más chico de cara) y fue un toro noble y con clase para el toreo. Con el capote lo recibió con vistosas verónicas, y tras el paso por el caballo y por las labores de los banderilleros el toro llegó a la muleta con movilidad.  También por el pitón diestro llegó lo mejor de El Cid que por momentos bajó la mano y obligó en muletazos largos al animal de Curro Núñez Benjumea. El segundo fue un jabonero, sin presencia de pitones, aunque muy rematado de hechuras, que no tuvo clase en la embestida. Mantuvo, eso si, nobleza en los engaños, pero sin recorrido en el tramo final de los mletazos no pudo abandonarse el torero de Salteras, que estuvo digno en una faena de menor profundidad que la de su primero.

Al final el sevillano cortó una oreja de cada uno de su lote y le sirvió para salir a hombros junto a Paco Ureña.

Paco Ureña  se encuentra en un estado de gracia, una dificil facilidad para torear bien que ningún aficionado se debe perder. Ya con su primero jugó unas armas que están alcance de muy pocos toreros , apoyándose en la verdad y en una pureza que, por poco habitual, es dificil de reconocer.

Con el capote no se dejo el primero del lote del lorquino, al que lidió abriendo los caminos e intentando romper hacía adelante. Con la muleta, antes de que nadie ier al toro, ya lanzó la moneda el torero que poniendo la muleta adelantada y toreando hacía detrás de la cadera, dejó los mejores muletazos del festejo.
Cada uno de los muletazos de Paco Ureña era una declaración de intenciones. Antes de que el toro se entregase a su matador -que acabó entregándose- el torero abría el compás y, en argot, se despatarraba en cada muletazo. Cargaba la suerte, echaba ‘la pata adelnate’, embebía con la panza de la muleta y remataba detras de la cadera. Paco Ureña fue en Vera Paco Pureza.

El segundo de su lote era un imponente toro astifino y veleto, que se lesionó en la mano derecha y fue devuelto a los corrales. Salió un sobrero de la ganadería titular, algo más basto de hechuras, pero con trapío suficiente. Tras una lidia complicada, con un puyazo excesivo y varias pasadas en falso, se brindó la muerte de este animal a Ginés Carmona,  después de que sonara el pasodoble ‘Antonio Carmona’. Toro sin clase, no hizo honor al brindis, y en la muleta protestó los muletazos con la cara suelta y poca entrega. Con Ureña banderilleó el tercero y lidió el sexto el almeriense Curro Vivas, con la eficacia habitual.