lunes, 2 de abril de 2018

Curro Díaz puso el toreo, Romero y Fandi las orejas, en Almería


Publicaba LA VOZ DE ALMERÍA:

Lucía el sol con fuerza en la mañana de la Resurrección. Además de una fecha señalada para los participantes de la fe cristiana es un día señalado en rojo en el calendario taurino. Sevilla, Madrid y otras tantas plazas abren las puertas para dar comienzo a su temporada, y este año Almería se ha sumado a tantas plazas que por Resurrección abren las puertas.

El empresario almeriense José Gabriel Olivencia ha confeccionado un variado festival en el que figuran el rejoneador Andrés Romero, y los diestros Curro Díaz, actual triunfador de la feria de la Virgen del Mar, David Fandila ‘El Fandi’, Cayetano Rivera Ordóñez, Alberto López Simón y el novillero almeriense José Cabrera.

Para rematar el cartel se anunciaban utreros de Fuente Ymbro. Se completó el cartel con un animal de Martín Lorca, amplio y hondo, serio, pero que se paró pronto. Los de Ricardo Gallardo, descastados y mansos, salvan solo de la quema los que hicieron segundo y tercero, que duraron un poco más en la muleta de los diestros. El cuarto fue bruto y con genio, y quinto y sexto rajados y mansos. Después de presenciar el festival desde un burladero del callejón no pudo quedar tranquilo el ganadero de Fuente Ymbro.

Antes de comenzar el festejo se guardó un minuto de silencio en memoria de Juan Granados Roda, conocido en la familia taurina como ‘El Gordo’, quien fuera mozo de espadas durante la década de los setenta y ochenta a las órdenes de todos los diestros locales de su época, y también en memoria del joven Gabriel Cruz Ramírez, que ha sobrecogido a toda la sociedad almeriense y, como es natural, también al mundo del toro. 

En la plaza había más de media entrada, cercana a dos tercios del aforo, unas cinco mil personas, cuando el presidente Hernández Montanari asomó su pañuelo a las 12 de la mañana. Rompió el paseíllo y abrió plaza el rejoneador onubense. El primer rejón de castigo fue ya suficiente para que el toro se agarrara al piso y se parara. El rejoneador tenía que provocarle mucho para que el animal se arrancara, por lo que el ritmo de la faena quedó marcado por la poca movilidad del toro. Tras una faena larga le puso fin con un rejonazo contrario, y que fue suficiente para salir a hombros. Sería conveniente que algún día se dignificaran los trofeos de los rejoneadores para valorar más correctamente sus actuaciones, pero ayer no fue ese día.

A pie, fue Curro Díaz el primero en intervenir y fue quien, a la postre, firmó los pasajes más artísticos de la mañana. cuajó al toro con el capote de salida, toreando con el capote casi sin capote, apenas con los vuelos. Con la muleta comenzó por doblones por bajo antes de dejar varias series de derechazos y naturales -especialmente los primeros- de enorme torería, como toreros fueron los remates de cada tanda. Al final fue una oreja con petición de la segunda.

El mejor novillo -el menos malo- lo lidió el granadino Fandi que estuvo animoso con el capote tras una larga cambiada. Luego quitó por chicuelinas con el compás abierto y navarras. Tras el tercio de banderillas acostumbrado se dirigió el diestro al sol para comenzar su faena de muleta. Basó su faena en tandas cortas animadas con martinetes o afarolados. Remató su actuación con una estocada trasera y un puntito desprendida, pero muy efectiva.

Tras el descanso fue el turno de Cayetano Rivera, que lidió un novillo abanto de salida y bruto en la muleta del diestro, que echaba la cara arriba especialmente cada vez que tocaba las telas. Tenía más posibilidades por el pitón izquierdo y por ahí lo intentó en alguna ocasión el torero logrando robar algún natural meritorio, pero sin continuidad en la faena. Destacó la colocación del diestro y la intención de toreo puro, así como la brega en el tercio de banderillas del subalterno que huele a oro, Iván García.

Alberto López Simón este año va ligado a toda la temporada de Cayetano, compartiendo apoderado. Sin contratiempos paró con la capa a su antagonista, que recibió dos puyazos, uno en la vara del picador que hacía la puerta y otro en el de turno. Se quedó el novillo andarín y desarrollando genio. Cuando aún estaba el diestro intentando entenderse con el cornúpeta sonó a destiempo una chiclanera que tuvo que cesar al poco y con un novillo rajado y manso el diestro tiró por la calle de en medio montando la espada y pasando página  en el relato del festival.

Llegaba el momento más especial con el turno del único almeriense acartelado, el novillero José Cabrera.

Saltó al ruedo un novillo algo más alto y más montado que el resto. Lo paró el almeriense con un toreo alegre por verónicas, chicuelinas y una serpentina. Tras un puyazo en la paletilla logró hacer vibrar al público con el tercio de banderillas rematado con un par al violín.

Para iniciar su faena de muleta echó ambas rodillas en tierra  en los medios del ruedo, pensándoselo mucho el animal para salir del tercio y creando unos minutos de mucha tensión.

Poco más que eso pudo hacer el novillero con un novillo que tenía una marcada querencia y que no quiso alejarse de las tablas. Rajado dejó inédito al novillero que solo con ganas pudo cortarle una oreja aunque sus seguidores pidieron con fuerza la segunda.