jueves, 5 de abril de 2018

Festival Domingo de Resurreccion*


La Tertulia Taurina LA CARIOCA sigue abierta a los aficionados que quieran hacer llegar sus ideas, opiniones, reivindicaciones... para todos.

El Domingo de Resurrección se daba el pistoletazo de salida a la temporada almeriense en la capital con un festival benéfico. La composición del cartel, variado, cumplió con las expectativas y logro aglutinar en los tendidos de la plaza una entrada más que digna para presenciar el festejo. Una entrada formada por un público con ganas de toros y predispuesta a pasar una mañana entretenida.
A las doce de la mañana en punto asomaba por el balcón del palco el pañuelo blanco dando así la señal para que comenzase el rito sagrado, la liturgia del toreo. En ese mismo instante todos los integrantes del festejo deben ocupar su puesto para dar comienzo y no se deben permitir situaciones que lo alteren como por ejemplo que los picadores no estén colocados en el patio de cuadrillas a su debido tiempo. Este tipo de detalles afean el rito sagrado del toreo y si los taurinos no lo cuidan flaco favor le hacen a la fiesta.

Para dicha ocasión se contó con utreros, uno de Martin Lorca para rejones, hierro inusual para esta lidia y cinco de Fuente Ymbro para la lidia a pie. El conjunto aceptablemente presentado, más fuerte y con más pinta de cuatreño el del Martin Lorca y muy pareja bien hecha y bonita los de Fuente Ymbro. En cuanto al comportamiento, solo se quedó en fachada ya que el del Martin Lorca fue un animal blando con las fuerzas muy justas que se fue parando a lo largo de la lidia y los de Ricardo Gallardo sacaron como denominador común la mansedumbre en mayor o menor grado. Por lo tanto, aquellos que acudimos a la plaza al reclamo de la casta y bravura de Fuente Ymbro nos encontramos como se suele decir en términos taurinos, con un petardo.

El festival tuvo dos triunfadores, que hicieron las delicias del público convirtiendo los tendidos en un clamor. Por un lado, el rejoneador Andrés Romero que tuvo una actuación meritoria para templar y mantener en pie el utrero de Martin Lorca donde intercaló el clasicismo con la espectacularidad de la doma de su cuadra. Su labor fue rematada con un efectivo rejonazo siendo premiado con dos orejas. El otro gran triunfador de la mañana fue David Fandila El Fandi. En suerte vino a tocarle el utrero de mejor condición, el más manejable y que menos acuso la mansedumbre. Aparte de gustos, que guste más o menos hay que reconocer que El Fandi no defrauda nunca a sus partidarios y eso quedó patente en su actuación ya que hizo las delicias de sus partidarios los cuales abandonaron la plaza satisfechos. El Fandi desde que se abrió de capa rodillas en tierra fue todo un torbellino. Variado con el capote, espectacular con las banderillas y ya con la muleta adornándose con remates vistosos al final de cada tanda por ambas manos. Tras una estocada efectiva fueron a parar a sus manos las dos orejas.  

Lo más torero de la mañana vino protagonizado por Curro Díaz. A lo largo de su actuación dejo el aroma del toreo bueno, tanto con la capa como con la muleta donde intercalo remates con sabor añejo. Puede que faltara alguna tanda que le diera más rotundidad a su obra, pero sin duda alguna dejó un buen sabor de boca al aficionado. Una oreja fue el fruto de su actuación.

En cuanto a los matadores apoderados por Curro Vázquez, Cayetano y López Simón no tuvieron fortuna con lo que le tocó en suerte. Cayetano fiel a su concepto de toreo clásico lo intento por ambos pitones logrando algún muletazo meritorio pero su labor no alcanzo cotas mayores. López Simón se llevó en suerte otro animal con complicaciones y el diestro no se lo pensó dos veces echando por la calle del medio. El animal manso que además se rajo no era el más propicio para el triunfo, pero el matador se podría haber esforzado un poco más.

Cerraba el festiva el novillero local José Cabrera al que le tocó en suerte otro de los garbanzos negros de la mañana. Desde que se salió el utrero Cabrera estuvo muy animoso y voluntarioso con capote y banderillas. Ya con la muleta tras un inicio espectacular rodillas en tierra el utrero se rajo y busco el abrigo de las tablas. El animal fue pasaportado de una fea estocada. Sus partidarios pidieron con insistencia los máximos trofeos, pero solo le fue concedida una oreja.  La actuación de Cabrera estuvo basada en la voluntad, las ganas, el arrojo y los desplantes, pero para futuras actuaciones habrá que aportar algo más porque con estos mimbres que nadie puede poner en duda difícilmente se lograran cotas mayores de éxito.

En lo que respecta a la actuación del palco solo decir que la concesión de trofeos fue acertada y que el festival no se convirtió en una verbena

*por José Picón Salvador.