sábado, 25 de agosto de 2018

SEGUNDA DE ABONO DE ALMERÍA*


Gran ambiente y expectación se palpaba en el coso de la avenida de Vilchez para presenciar uno de los carteles estrella de la feria. Las figuras hacían acto de presencia y los tres cuartos de plaza fueron poblados por un público ansioso de divertirse y pasar una buena tarde. Y en cierto modo vieron colmados sus deseos, aunque no de forma plena, ya que el juego del ganado condiciono la tarde.
Se lidio un encierro de Zalduendo, hierro habitual en nuestra feria y visto los resultados obtenidos es hora que se tome un descanso.  Un encierro de justa y desigual presentación estando algún ejemplar por debajo de lo que se debe lidiar en una plaza de segunda categoría. En cuanto al comportamiento como viene siendo habitual en este hierro, la casta, la bravura y la fuerza suelen estar al límite, acompañado de una nobleza que hacen que las embestidas sean más para cuidar que para emocionar. La suerte de varas, un puro trámite, cumpliendo sin más en el caballo e incluso un simple picotazo para señalar la puya.
Encabezaba la terna el incombustible Enrique Ponce, muy querido y esperado en nuestra plaza. El primero de su lote, un toro flojo pero noble, lo recibió de capa con unas vistosas verónicas saliéndose a los medios y rematando con una media. Ya con la muleta le aplico la medicina que solo él sabe administrar a este tipo de toros medio tullidos. Un toreo suave, sin apreturas, elegante, acompañado de adornos y carente de toreo fundamental. Una de tantas faenas a las que nos tiene acostumbrados.  Mató de una estocada defectuosa y le fue concedida una oreja. En su segundo oponente un toro más deslucido, parado, reservón salió a por todas recibiendo de capa flexionando la pierna teniendo que emplearse a fondo con la muleta para ir sacándole los muletazos uno a uno ya que el toro iba apagándose por momentos alargando en exceso la faena, algo también habitual en él, llegando a escuchar hasta dos avisos antes de darle muerte.
El Juli fue el único matador que logró abrir la puerta grande cortando una oreja a cada toro de su lote. Su primero falto de fuerza y casta apenas le permitió mayor lucimiento.  Tras intentarlo por ambos pitones y cogerle el sitio al toro logro arrancar alguna tanda que junto a una estocada marca de la casa le fue concedida una oreja. En su segundo otro toro de similar condición que no quiso romper hacia adelante poca cosa pudo hacer, muchos pases sin calar en los tendidos salvo el toreo de cara a la galería. De nuevo otra estocada marca de la casa y de nuevo otra oreja al esportón. Dos orejas que le facilitaron la salida por una puerta grande sin demasiados argumentos.  
Pero sin duda alguna el gran triunfador de la tarde con una sola oreja en el esportón fue el joven Roca Rey. El público estaba ansioso por verlo y fue uno de los principales atractivos que tuvo este cartel para que el público acudiera en masa a la plaza de toros. Sin ser un matador que arrolla en taquilla hoy en día para el gran público es uno de los matadores de mayor tirón. Su primer toro fue un animal que se movió en los primeros tercios al que apenas se picó como viene siendo habitual en el peruano y al que le realizo un quite por chicuelinas muy ajustadas dejando ya patente su declaración de intenciones. Ya con muleta, el típico inicio de faena en el centro del ruedo que vuelve locos a los públicos. Conforme avanza la faena el toro que apenas estaba sin picar empieza a apagarse poniendo de relieve la casta que lleva dentro este hierro. Roca lo intenta por ambos pitones, destacando algún natural pero el público vuelve a rugir con los alardes de valor.  Con un pinchazo y una estocada finalizo su labor. Pero lo mejor de la tarde llego en el sexto toro, otro animal que se movió en los primeros tercios que también se dejó crudo en el caballo y al que le realizo un quite habitual en su repertorio y que puso en pie la plaza, saltilleras y caleserinas. El inicio de faena vibrante y torero con las rodillas en tierra hizo de nuevo poner la plaza a revienta calderas. Este sexto de la tarde fue un buen colaborador, un buen toro para el torero, ya que tuvo la movilidad que no tuvo la corrida y que supo aprovechar el peruano, ligando los muletazos, destacando la mano izquierda y donde se intercalaron algún adorno y algún alarde de valor. Fue una faena más centrada en torear que el típico arrimón al que nos tiene acostumbrados. Eso sí cualquier alarde de valor pone en pie la plaza antes que un natural de mano baja. Lamentablemente el fallo a espadas le privo de los máximos trofeos.

Por José Picón*.