miércoles, 10 de abril de 2019

Sobre el festival de Almería...*



* Por José Picón.

Con un tiempo totalmente desapacible y pese a la ausencia de Enrique Ponce como principal reclamo del festejo, el coso de la avenida de Vilches registro una buena entrada para dar comienzo a la temporada almeriense.
La presentación del ganado, sea cual sea el tipo de festejo, siempre debe estar acorde con la categoría de la plaza, ya que algunos de los animales que se lidiaron en el festival no deberían haber salido al ruedo como por ejemplo el novillo que abrió plaza para rejones propiedad de Francisco Amián totalmente impresentable para cualquier plaza de segunda como la nuestra. Respecto a los novillos de Enrique Ponce para la lidia a pie, hubo de todo, formando en conjunto un encierro desigual y terciado, con dos animales demasiado gachos que no deberían haber salido, siendo los más dignos en presentación los corridos en primer y quinto lugar. Después de ver los seis novillos utreros lidiados llega uno a la conclusión de que encierros mejor presentados hemos tenido en anteriores festivales.
En cuanto al comportamiento del ganado en líneas generales, la nobleza y la falta de fuerzas fueron las notas predominantes. Se podría decir que fue un encierro manejable, que se dejó y que apenas recibió castigo.  Si hubiera que destacar alguno por mejor condición sería el primero de lidia a pie, un animal con clase y que siempre quiso coger los trastos por abajo.
El nivel artístico de la tarde fue triunfal ya que la mayoría de los actuantes llegaron a tocar pelo, siendo el triunfador absoluto Ginés Marín, no solo por el número de trofeos sino porque durante su actuación logro lo más torero de la tarde.  Un buen recibo capotero a la verónica saliéndose con el toro hasta las rayas de picar fue el comienzo de su labor al que le siguió un quite por saltilleras desde el centro del ruedo. Ya con la muleta y tras conectar con el público citando de rodillas desde los medios se intercalaron tandas por la derecha y por la izquierda llegando a ser algunas ceñidas y encajadas. Hubo además adornos como una arrucina y una serie de bernardinas que llegaron mucho a los tendidos. Con una estocada trasera le fueron concedidos las dos orejas y un rabo, este último excesivo.  
Del resto de integrantes del cartel, Diego Ventura anduvo sobrado con el animal que tuvo delante, daba la sensación de que estaba entrenando en el patio de su casa. Llevo al animal con temple cosido a la grupa y clavando arriba. Todo esto acompañado de las típicas piruetas de su cuadra que hicieron las delicias de sus partidarios.  Dos orejas fueron concedidas por su labor.
 Javier Conde anduvo desconfiado en su actuación seguramente por el vendaval que hacía en ese momento y solo dejo algún que otro muletazo suelto para el recuerdo. Fue una faena larga, le sonaron los dos avisos, recibiendo una fuerte ovación tras la muerte del novillo.
 El Fandi, volvió a no defraudar a sus partidarios. Desgrano todo su repertorio con capote tanto en el recibo por verónicas como en el quite por tafalleras y cordobinas, explosivo en banderillas y con la muleta entre tanda y tanda los típicos adornos de cara a la galería. Cortó dos orejas.
Castella anduvo técnico y con oficio con un animal de embestida mortecina que apenas trasmitía nada.  Faena correcta y limpia que apenas calo en los tendidos.  Una oreja
El novillero José Cabrera anduvo digno con el animal que le toco suerte. Se le pudo apreciar más oficio delante del novillo con la muleta dejando alguna tanda estimable. Siempre arreando y con ganas en todos los tercios consiguió cortarle una oreja a su oponente.