martes, 23 de julio de 2019

Crónica de la segunda tarde en Roquetas


 Nuestro amigo José Picón estuvo en la segunda tarde de Roquetas, y así fue como lo vivió:

“Corrida de expectación, corrida de decepción”, así se podría calificar la última de feria de Roquetas de Mar, condicionada por el mal juego de los toros de los hermanos Lozano. Un cartel rematado y de campañillas con el Juli, Perera y Pablo Aguado, sorprende que solo se registrara unos tres cuartos del aforo, acostumbrados en esta feria a los llenos tarde tras tarde, hecho que invita a la reflexión por parte de la empresa. Puede que llegue la hora de apostar por nuevos carteles y dejar de lado el típico sota caballo y rey que al parecer ya no dan los resultados taquilleros esperados.

La corrida de Alcurrucen con una presentación aceptable para una plaza de tercera, terciados y cómodos de cara, fue manejable en líneas generales, se pudo andar con ella, pero le faltó contenido, raza, casta, empuje para transmitir a los tendidos, emoción, en definitiva. En el caballo simplemente cumplió el tramite reglamentario, acompañado a veces de ese habitual picotazo. En la muleta se podría destacar como mejores colaboradores los corridos en segundo y quinto lugar, animales que siguieron la muleta con nobleza, muy obedientes y sin ofrecer ningún tipo de complicación al espada de turno.
El Juli se llevó en suerte el peor lote de la tarde. Su primero fue un invalido en toda regla, que se desplazaba cogido con alfileres. Un toro que debería haber sido devuelto, pero como se le mantuvo en pie y apenas se cayó durante la lidia el presidente opto por dejarlo en el ruedo y no sacar el pañuelo verde. Con este material poco pudo hacer el Juli salvo intentar mantenerlo en pie y cumplir con el expediente. Su segundo, un toro deslucido, pasaba por los trastos sin decir nada destacando solo el inicio de faena rodilla en tierra. A partir de ahí Julián no se complicó mucho la vida quitándoselo del medio en cuanto tuvo ocasión. Si malo fue el toro peor fue la aptitud del Juli que dio la sensación de venir a Roquetas de Mar a pasearse.  La utilización de los aceros por parte Julián fue para olvidar.
Para Miguel Ángel Perera fue a parar el lote de mejor condición de la tarde al que supo aprovechar y así salir triunfador, cortándole un apéndice a su segundo. Su primer toro manso de salida fue el protagonista del tercio de varas embistiendo a los dos caballos y saliendo sueldo siendo el transcurso de la lidia  un auténtico desastre. Ya en el tercio de muleta, solos en el ruedo toro y torero, el animal comenzó a seguir la muleta que le mostraba el extremeño. Se sucedieron las tandas por ambos pitones y circulares haciendo las delicias del respetable hasta que el animal termino por rajarse.  El fallo a espadas le privó de haber tocado pelo. Su segundo fue recibido con un buen manojo de verónicas de mano bajo y al que le realizo un quite por chicuelinas, el único de la tarde, lo cual dice mucho del nivel que competencia que existía y de las condiciones de los toros.  Su inicio de faena de rodillas caldeo el ambiente. Ya con las zapatillas en la arena los derechazos y naturales se sucedieron mientras la acometividad del toro iba a menos, llegando a acortar las distancias y meterse entre los pitones. Con una estocada defectuosa y el uso del verduguillo le fue concedida una justa oreja. En estas dos faenas de Miguel Ángel Perera quedo patente lo sobrados que andan las figuras con este tipo de embestidas.
No pudo lucirse con el capote Pablo Aguado en su presentación por las condiciones de sus oponentes, pero si dejo constancia de su concepto de tauromaquia clásica con la muleta. En su primero un toro noble y que transmitía poco le anduvo con torería, con muletazos elegantes, sin recursos de cara a la galería, dando al conjunto de la faena su justa medida. En el cierra plaza poco pudo hacer con un animal deslucido, solamente mostrarse firme ante unas embestidas inciertas. En ambos toros anduvo mal con la espada.