lunes, 23 de septiembre de 2019

La terna a hombros en la feria de Vera


Publicaba LA VOZ DE ALMERÍA...

Una enorme cofradía de taurinos que comenzaba en la taquilla y terminaba más allá de la carretera, ansiosos por entrar al coso centenario de Vera, provocó que la corrida comenzara con casi treinta minutos de retraso , en una tarde de sofocante calor en el levante almeriense. Al final, casi lleno en los numerosos tendidos veratenses.

Asomado el pañuelo del presidente para dar comienzo al festejo, salió por toriles un encierro procedente de la finca El Grullo, propiedad de Núñez del Cuvillo, muy bien presentada y que facilitó el triunfo de los matadores.  

Enrique Ponce dejó la anecdota de la tarde haciendo el paseíllo  desmonterado tras treinta temporadas como matador de toros. Declaraba a LA VOZ antes del festejo que ‘estuve anunciado en Vera una vez pero no pude torear porque se suspendió, y realmente no recuerdo si en el 92 o 93 llegué a torear, así que hoy toca desmonterado, son ya pocas plazas en las que hago el paseíllo así’.

A su primero lo vió muy pronto y lo meció con la capa hasta llegar a los medios. Un simulacro de varas y banderillas para ponerse muy pronto a torear. Humilló una barbaridad este de Cuvillo que acabó entregándose a la muleta suave de Ponce. No hubo tirones, ni toques bruscos, fluyendo el toreo con la naturalidad de una obra de Joaquin Rodrigo o de nuestro maestro Padilla. En los remates las trincherillas y los cambios de mano fueron esculturales. Alguien en un tendido le explicaba a su nieto '¿ves que fácil lo hace?' y fue imposible resumir mejor lo que se veía en el ruedo.

El segundo tuvo menos entrega y tuvo que encelarlo Ponce en la muleta. Faena trabajada, con la muleta a media altura, que fue valorada en exceso por el respetable.

Cayetano estuvo animoso y concentrado toda la tarde. Su primero fue bruto en la embestida, soltando la cara y embistiendo a oleadas, hasta que le pudo el torero y logró meterse en su terreno. Lo puso todo el matador que acabó imponiéndose al astado en una faena más para aficionados que de público.

El segundo de su lote tampoco se lo puso fácil, aunque con nobleza llegó a la muleta con  poca fuerza y medio viaje. El mérito de la faena fue que no alcanzara las telas en el remate de cada pase. Inteligente  remató por alto la faena con unos ayudados a pies juntos y tras un pinchazo dejó una gran estocada.

Daniel Crespo llegó a la plaza entre el susurro de ‘¿y este quien es?’ y se fue con el clamor de ‘este es Daniel Crespo’. Con la insultante energía que ha caracterizado siempre a los toreros jóvenes paró por verónicas con el compás abierto a su primero, dejando en los medios una media verónica de cartel de toros. Tras el trámite del picador se echó el capote a la espalda para quedarse quieto como un palo ante las embestidas del precioso jabonero que le correspondió en suerte. 

Con la muleta trató de dejarla puesta y enganchar los naturales muy adelante. En los remates se alternaron pases de pecho con cambiados por la espalda, que fueron varios a lo largo de la faena.

Se segundo toro lo brindó a sus compañeros de terna. Un toro con poca transmisión pero que fue colaborador en la muleta del torero. Con nobleza y fijeza se dice que es de los toros que no molestan. Fue una faena larga, buscando amarrar un triunfo con fuerza para el joven matador, y tras una buena estocada le cortó otras dos orejas.