jueves, 3 de octubre de 2019

José Cabrera suma en Calasparra y Villaseca


Hace unos días publicaba LA VOZ DE ALMERÍA:

El mejor José Cabrera, voluntarioso y honrado, ha vuelto a dejar una grata imagen en dos ferias de novilladas toristas, pechando con sendos encastes de los más temidos de todo el campo bravo.

El primero de los compromisos se produjo por la vía de la sustitución en la feria del arroz de la localidad murciana de Calasparra, para lidiar la que es, posiblemente, la ganadería más mítica y legendaria de la historia de la tauromaquia, la de la A con asas de Miura. 

La novillada fue variada en todos los tercios y el almeriense mantuvo una buena actitud en capote, banderillas y tercio de muleta. 

José Cabrera recibió al segundo de la tarde con verónicas muy vistosas antes de dejar al toro a mucha distancia del piquero, regalando al público un tercio de varas espectacular y emocionante.Tras un buen tercio de banderillas mantuvo un emocionante pulso con el de Zahariche que, tras un susto en forma de cogida, se resolvió del lado del almeriense, que malogró con la espada una faena que debió ser de oreja y se quedó en una vuelta al ruedo.

El quinto de Miura tuvo menos posibilidades quedándose corto y midiendo al torero. Todo se resumió en la entrega y la voluntad del diestro, que tampoco mató bien y tras una leve petición dió una segunda vuelta al ruedo.

El segundo compromiso fue en la exigente feria de novilladas de Villaseca de la Sagra, donde le tocó bregar con la novillada de Monteviejo, propiedad de Victorino Martín. 

El primero del lote de Cabrera se quedó muy corto desde que lo recibió con la capa y esperó mucho en banderillas, sin ponerselo nada fácil al torero. Al tomar la muleta tuvo que hacer frente a un toro que pasaba con la cara alta y solo tuvo medio viaje, quedándose en las zapatillas del torero una vez que pasó la mitad del recorrido en cada muletazo. Cabrera fundó su faena sobre la mano diestra y pinchó al perder el novillo las manos en el embroque, su labor fue silenciada.

Saltó al ruedo el segundo del lote de Cabrera, un novillo serio y astifino que no tuvo fijeza, soltaba la cara al pasar y encima anotaba en el cuaderno lo que se dejaba atrás tuvo poco recorrido y ninguna entrega. Lo mató con habilidad Cabrera.